No parecía intranquila mi voz la escuchaba, me vi parada en un valle negro, me vi desorientada en mis ideas dementes. Provoqué vómitos el dolor no existía, el dolor se reía, congelé el segundo que se convirtió en mi mundo, estaba desbordante, intolerable, mi voz la hacía repetir y sus ondas no dejaban de fluir.
Pasaron mis pesadillas, me encontraba en un jardín viendo fantasmas a mi alrededor, sonreían, se reían de mí.
Pululé en el tiempo, parecía una mirada perdida mis conciencias no despertaban.
Oía un destello, era el rugir del cielo llamando a combate esperanzada en morir. Se bloqueó la salida, un ejército invadió, se estremeció mi huída, era el general del adiós.
Corrí despavorida me tomé una pastilla, creí que eso resultaría.
Otro estruendo se oyó, idílicos cielos que me hacían voltear, presumían de elegancia, mi suerte no los pudo dejar escapar. Se trabaron en azules cielos unos oscuros momentos.
Pateaba a los inquisidores perpetuaba el polvo que hacía frente a mis pisadas, esparcí toneladas de mal humor, de maldad pura, malditos inquisidores no me dejaban encontrar a mi muerte, no los podía borrar, arrancar de mis historias, terminé hundida en un vaso de ron...
